En la actualidad existe una creciente preocupación en nuestra sociedad por la seguridad alimentaria. Los consumidores queremos saber la procedencia y modo de cultivo de los alimentos y exigimos, cada vez más, que los productos sean sanos, seguros y sabrosos, a la vez que producidos éticamente y de una forma respetuosa con el medio ambiente.
Por otro lado, desde el Comité Económico y Social Europeo se viene reivindicando desde hace años la importancia ambiental, social y económica de la agricultura periurbana, cuya característica principal es la obtención de productos locales y de temporada.
Es necesario que se apliquen instrumentos de ordenación territorial que impidan procesos especulativos que están terminando con el suelo agrícola del entorno de las ciudades. Las Administraciones deben arbitrar instrumentos que apoyen a la agricultura familiar y su comercialización directa, frente a la introducción de alimentos que vienen de lugares cada vez más lejanos, a costes no competitivos para el agricultor y sometidos a largos procesos de conservación que repercuten en la calidad de los alimentos.
Para que todo esto sea posible es imprescindible un proyecto conjunto entre agricultores, consumidores y administraciones que asegure la protección de los espacios agrícolas en el entorno de las ciudades, por su valor paisajístico, productivo, cultural y ambiental. Espacios que además de constituir una fuente de producción de alimentos ecológicos, actúen de pulmón verde y humanicen los entornos urbanos.
